Día Siete



Son las 16.12 de un lunes 30 de Abril
Llevo casi toda una semana yendo de un lugar a otro, escondiéndome de algo que desconozco.
Quizás debería dejar de esconderme y... no sé, hacer algo por enterarme de lo que está pasando.
 Aunque ya sólo el hecho de pensar en actuar me lleva a todas esas películas e historias en
las que alguien sale de su escondite por descubrir qué pasa, y acaban dando con el personaje.
Debería actuar pero a la vez debería andarme con ojo.
A lo menos, estoy tratando de controlar como puedo lo que me pasa, estos cambios repentinos.
Al fin y al cabo, los cambios de mundo son por lo que me mantengo así, y por lo que ellos,
esas... personas de los diferentes mundos, me buscan. 

No he comentado nada de este sitio. Es un lugar que se mantiene constantemente en nieblas,
apenas se puede ver lo que puede venir a ti.
El paisaje, es como si estuviese todo lleno de telarañas... como telarañas  de algodón fino, 
y a través de esto, se transluce lo venidero.
Es como las cataratas en la visión, pero desde fuera. Por eso me quedé aquí, porque si yo apenas
puedo ver nada, apenas intuirlo, los que me busquen también les pasará igual.




Aunque continuamente me siento observada, y a la vez estoy al acecho. Me llena de ansiedad,
y esto hace que me mantenga despierta. Ni siquiera sé como puedo vivir aún, si lo máximo que
puede estar una persona sin dormir – hasta caer muerta – son 36 horas.
Y llevo aquí unos 10 días. Sin dormir.

Creo que lo mejor que podría hacer sería terminar de controlar este extraño don, y luego salir
fuera a preguntar el porqué.
El porqué a mi.


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